¿Qué tanto valor le damos a lo material? | La falacia del coste invertido - Más Sobre Psicología

lunes, 6 de mayo de 2019

¿Qué tanto valor le damos a lo material? | La falacia del coste invertido



¿Qué tanto valor le damos a lo material? | La falacia del coste invertido

Muchos de nosotros hemos caído en esta conducta tan común, al punto que sería casi imposible afirmar que no la hemos aplicado en algún momento de nuestras vidas. Cuando alguien dice “Yo pagué mucho por este producto y pienso obtenerlo cueste lo que cueste” o “No importa que el negocio haya fracasado, voy a seguir intentando, pues ya tengo los materiales” “Ya invertí mucho tiempo en esto, no voy a retirarme ahora”, se aplica el concepto de “Ya invertí demasiado para renunciar” lo que nos lleva a la falacia del coste.


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Se ha demostrado con gran claridad que, aquellos sujetos con una inversión sobre algo son más reacios a renunciar al mismo (Por ejemplo, los organizadores de conciertos y conferencias han observado que mientras más cara sea una entrada, más les cuesta a las personas no asistir al evento. Por ello, en la mayoría de las ocasiones – y aunque suene paradójico – los eventos más costosos son los que reportan mayor asistencia, pues le damos contemplamos como un factor diferencial, el coste monetario). Y entonces cabe preguntarnos ¿Por qué nos cuesta renunciar a las cosas?

El principio de aversión a la pérdida y el razonamiento económico responden; existen dos variantes de pensamiento arraigadas: la descubierta por economistas, la cual plantea que los recursos invertidos no son tomados en cuenta por personas que resuelven de manera racional sus problemas.

Sin embargo, psicólogos, plantean que existen personas que “Odian derrochar recursos” y por ello la inversión es lo más importante a la hora de tomar una decisión (como lo vimos al principio del artículo) lo que nos lleva nuevamente a la falacia del coste. En sentido estricto, esta forma de actuar resulta ser irracional, no estamos actuando conforme a lo que queremos, sino más bien actuamos por el miedo a perder la inversión.

Para ejemplificar todo lo anterior, veremos el siguiente ejemplo:

Una persona quiere asistir a un concierto de su artista favorito el cual empieza a las 10:00 PM, por lo que compra sus entradas por internet. Sin embargo, se equivoca y compra boletos para una función matutina (10:00 AM) de otro artista. ¿Qué hará la persona?

Naturalmente, existen dos vías de actuar:

A) Los sujetos con pensamiento racional pensarían “¿Para qué ir a un concierto que no me interesa? Perdería mi tiempo y no me la pasaría bien en el evento, además de que gastaría aún más recursos en el traslado o productos varios que tenga que comprar en el lugar.

B) Las personas que sienten que la inversión es lo más importante pensarían “Pues… ya lo pagué, ya ni modos, voy a ir, tal vez me divierta, ni modos que desperdicie mi dinero” la aversión a la pérdida de nueva cuenta ataca.

Los economistas comportamentales han advertido la negatividad que tiene la aversión a la pérdida sobre las personas; es la culpable de los movimientos especulativos en mercados internacionales (fuga del capital) y los bruscos momentos en la economía mundial. Fenómenos como las crisis económicas más importantes (la gran depresión de 1932 o la crisis del 2008), se deben en parte al miedo y aversión que sienten los inversionistas a perder su dinero. En sentido contrario, también ocurre, cuando los inversores, en vez de retirar su dinero, lo mantienen, ocasionando que estos pierdan todo cuando la crisis entre en juego.

Por otro lado, y de manera más cotidiana, afecta a las personas, alterando sus conductas y evitando elegir lo que realmente quieren, poniendo todo el peso de la decisión en los factores materiales. Por ello, se han propuesto una serie de medidas que ayudan a tomar mejores decisiones:
  1. Evaluar el grado personal de tolerancia al riesgo, es decir, ¿Qué tanto puedo arriesgar mi inversión? Con ello se intenta evitar el pánico cuando haya problemas
  2. Colocar un límite de pérdidas personal: Si todo sale mal, ¿Cuánto estoy dispuesto a perder sin que me afecte? De nueva cuenta, se trata de evitar la ira y pánico ante y después de posibles pérdidas. Los inversionistas experimentados usan la frase “Solo invierto, lo estoy dispuesto a perder”
  3. Observar la situación completa: De manera habitual, solo consideramos una pequeña parte de la situación y no tomamos en cuenta conjunto de acciones total. Un buen ejemplo sería el del estudiante que se dice a sí mismo “Voy a reprobar y no puedo hacer nada para evitarlo” cuando, este podría pedir ayuda a sus amigos o bien ir a clases con asesores especiales que lo ayuden a nivelar su calificación, sin embargo, el alumno solo se queda con el pensar de que va a reprobar sí o sí, como si de un hecho determinado se tratara.
  4. Olvidar las experiencias anteriores (o aprender de ellas, y considerar la situación completa). Tal vez el estudiante del ejemplo anterior crea que reprobará porque ya lo ha hecho antes; por lo que olvidar la amarga experiencia previa y aprender de lo que no funcionó en ese entonces, es una buena forma de afrontar la situación.
  5. Mientras menos veamos la inversión, menos aversión a la pérdida presentaremos: Observar factores personales, como nuestro sentir o nuestros objetivos nos harán considerar si aún vale la pena conservar lo anterior, o si es mejor dejar ir.


Ahora que ya sabes este curioso efecto mental ¿Qué opinas? Seguro ahora pensarás más si dejar ir o mantener una inversión…

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